Miguel Angel Cornejo, Rodrigo Orrego, Manuel Pino, Juan José Lizama, Sergio Nouvel, Luis Mancilla, Nicolás Velásquez y Miguel Michelson en Santiago de Chile, y Paula Carvajal en Puerto Varas.
Nos juntamos. Tal como lo hacen las gotas de aceite en un vaso de agua, resultó que un día nos encontramos sentados uno frente al otro, imaginando y diseñando, la aventura de hacer una empresa. Tuvimos que hacer frente a varios dilemas existenciales en el camino inicial, batir el miedo y aprender que la incertidumbre es un espacio abierto donde te lanzas o te quedas. Hacernos sordos o escuchar desafiando la interpretación tradicional sobre el riesgo de hacer algo siendo un don nadie… reinterpretando el ser un grupo de cabros chicos empecinados ante sus sueños, por la posibilidad de vivir bien, contentos y satisfechos con el fruto de su trabajo.
Y nos dijimos que convencer a los demás es una pretensión que nos puede llevar a gastar más tiempo del debido… por lo demás –pensamos- las acciones dicen más que los libros de los gurús del emprendimiento.
No había manuales, ni pista alguna por donde transitar. Cada movimiento fue el resultado de nuestra propia democracia interna, una democracia de intuiciones. Y con querer o sin él, ya tenemos casi 4 años de vida, de experiencia, de momentos en el cuerpo, de convivencia y más.
¿Sabes? Lo más interesante de todo es que cada paso del tiempo alimenta más nuestras ganas, nuestra fe, convicción y optimismo… lo que es más loco, es que mientras más nos empapamos de esto de hacer negocios, más nos damos cuenta que para imaginar mundos con otros, tiene que haber simpatía y confianza. Lo que nos ha llevado a concluir que para hacer negocios, y conectarte con la “buena” gente, solo hace falta cultivar aquellas destrezas o modos de estar que teníamos de niños.
Así es y así también no es. Todo va a ir bien, muy bien.
Nos vemos por ahí… en el sitio que elijas.